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Detrás de la Música · Aura Radio

Villarrasa

Escribí esta canción para recordar que en el frío todos llevamos algo de alguien

Escribí "Villarrasa" para conectar la memoria, la fe y la herencia familiar. Quise contar la historia de aquel mil quinientos tres, cuando la Virgen de los Remedios se le apareció a un curtidor de manos heridas para recordarle que no estaba solo. Pero también quería traer ese relato al presente a través de una nieta que, cada dieciocho de diciembre, camina por la plaza fría con el zurrón de cuero gastado de su abuelo, también curtidor. Mi intención con esta canción era reflejar cómo la tradición oral pasa de abuelas a nietas en los atardeceres de diciembre. Al final, el zurrón ya no huele a invierno, sino a casa, porque en el fondo todos llevamos algo de alguien.

Letra de la Canción

En diciembre Villarrasa huele a leña y a frío
y a las seis de la tarde se encienden los portales.
Mi abuela me cuenta lo que le contó su abuela:
la historia de un curtidor y de una Virgen.
Dicen que fue en mil quinientos tres,
y que el invierno fue largo aquel año.
Vi-lla-rra-sa, Vi-lla-rra-sa, qué fría tienes la tarde,
con tu Virgen de los Remedios en la plaza.
Vi-lla-rra-sa, Vi-lla-rra-sa, qué cálida tu historia,
la de un hombre y una luz en la penumbra.
El curtidor trabajaba la piel con las manos heridas
y cuentan que la Virgen se le apareció un día.
No habló de milagros ni pidió una iglesia,
solo le dijo que no estaba solo.
Dicen que fue en mil quinientos tres,
y que el invierno fue largo aquel año.
Vi-lla-rra-sa, Vi-lla-rra-sa, qué fría tienes la tarde,
con tu Virgen de los Remedios en la plaza.
Vi-lla-rra-sa, Vi-lla-rra-sa, qué cálida tu historia,
la de un hombre y una luz en la penumbra.
Mi abuelo era curtidor, aunque nadie lo recuerda,
y me dejó un zurrón de cuero oscuro y gastado.
Lo guardo en un armario junto a las fotos
y huele a un tiempo en el que todo era lento.
Te lo digo a ti, que cosías la piel con los dedos,
a ti, que no sabías que alguien te recordaría:
cada diciembre vuelvo a la plaza con tu zurrón
y me quedo callada, como tú, frente a la luz.
El dieciocho de diciembre salgo con la gente
y llevo el zurrón colgado del hombro.
Una vecina me mira, sonríe sin decir nada
y comprendo que todos llevamos algo de alguien.
Vi-lla-rra-sa, Vi-lla-rra-sa, qué fría tienes la tarde,
y qué cálido este zurrón en mi hombro.
Vi-lla-rra-sa, Vi-lla-rra-sa, qué cálida tu historia,
y yo la llevo conmigo como una luz.
El zurrón ya no huele a invierno.
Huele a casa.
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