Detrás de la Música · Aura Radio
Castaño del Robledo
Escribí esta canción para hablar del regreso y de los recuerdos que nos esperan
Escribí esta canción para plasmar la emoción de regresar a Castaño del Robledo el veintinueve de junio, durante San Pedro. Mi intención era contar la historia de una mujer que vuelve de la ciudad y se reencuentra con sus raíces: el aroma a cal y leña, la bienvenida de Remedios y, sobre todo, el viejo banquito de madera gastada donde su abuela pelaba castañas.
Quise construir un estribillo que reflejara lo pequeño y enorme que es este pueblo, donde siempre vuelve quien lo nombra. La decisión creativa de dejar el banquito en el portal, mirando a la calle, simboliza el deseo de quedarse y la costumbre de compartir el regreso.
Letra de la Canción
Llego el veintinueve de junio con la maleta de la ciudad. La carretera sube entre castaños y me bajo la ventanilla a respirar. Es San Pedro y vuelven todos los que un día se marcharon. Cas-ta-ño, Cas-ta-ño, siempre vuelve quien te nombra, aunque pasen los años, aunque se vacíe el portal. Cas-ta-ño, Cas-ta-ño, qué pequeño y qué enorme, quien te deja un solo día no te deja nunca más. En el portal de la casa de mi abuela sigue el banquito donde pelaba castañas. Tiene la madera gastada en dos hondonadas como si el tiempo se hubiera sentado a esperarme. Es San Pedro y vuelven todos los que un día se marcharon. Cas-ta-ño, Cas-ta-ño, siempre vuelve quien te nombra, aunque pasen los años, aunque se vacíe el portal. Cas-ta-ño, Cas-ta-ño, qué pequeño y qué enorme, quien te deja un solo día no te deja nunca más. Me siento en el banquito y ya no cabe mi cuerpo, pero cabe la niña que escuchaba desde abajo la plaza llena de gente que regresa y las voces de todos hablando a la vez. Y tú, Remedios, que nunca te fuiste, tú que guardaste las llaves de todas las casas, me dices "ya era hora" sin soltar la escoba y es la mejor bienvenida que he tenido nunca. A las doce y diez la plaza todavía no duerme y la casa huele a cal, a leña y a junio. Dejo el banquito en el portal, de cara a la calle, para que se siente quien llegue mañana. Cas-ta-ño, Cas-ta-ño, siempre vuelve quien te nombra, y esta vez me traigo la costumbre de quedarme. Cas-ta-ño, Cas-ta-ño, qué pequeño y qué enorme, el que vuelve una vez ya empieza a no irse. El banquito en el portal ya no es de nadie: es de quien vuelve.