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Detrás de la Música · Aura Radio

Higuera de la Sierra

Tres horas de piedra y un corazón corriendo en la cabalgata inmóvil de Higuera

Escribí esta canción inspirado por la tradicional cabalgata inmóvil de Higuera de la Sierra. Mi intención fue ponerme en la piel de una joven que aguanta tres horas sin moverse en una de las dieciséis carrozas, envuelta en su túnica azul. Quise reflejar ese contraste tan íntimo entre la rigidez exterior —soportando el frío de enero y los picores sin pestañear— y la emoción desbordante de su corazón. En el texto busqué homenajear a la maestra que enseñó a los niños este arte del silencio y capturar el momento final de liberación: cuando la lágrima cae, la mano por fin saluda al niño y la túnica pasa a su hermana pequeña para el siguiente año.

Letra de la Canción

Me suben a la carroza con la túnica azul.
Hay dieciséis carrozas y un pueblo que no respira.
Me han dicho: no te muevas, aunque pique la nariz,
aunque el frío te muerda las manos de cinco de enero.
Tres horas, tres horas de piedra,
y el corazón por dentro, corriendo.
Hi-gue-ra, Hi-gue-ra, que se mueva el mundo, yo no me muevo,
que pasen las bandas y los campanilleros, yo soy estatua.
Hi-gue-ra, Hi-gue-ra, qué quieto el pueblo entero,
que el silencio también sabe hacer fiesta.
Allí abajo hay un niño que me señala con el dedo.
Quiero guiñarle un ojo y no puedo.
Un mechón de pelo me cosquillea la cara
y en mi cabeza se libra una guerra.
Tres horas, tres horas de piedra,
y el corazón por dentro, corriendo.
Hi-gue-ra, Hi-gue-ra, que se mueva el mundo, yo no me muevo,
que pasen las bandas y los campanilleros, yo soy estatua.
Hi-gue-ra, Hi-gue-ra, qué quieto el pueblo entero,
que el silencio también sabe hacer fiesta.
Pienso en la maestra que enseñó a los niños a quedarse quietos
y hoy tiene una calle con su nombre en el pueblo.
Si ella pudo con tantos, yo puedo con mi nariz.
Llevo dos horas y cuarenta minutos sin mover un dedo.
Y tú, pueblo, que me miras sin pestañear,
tú que me prestas el silencio para que yo lo guarde,
no sabes que estoy temblando por dentro
y que ese temblor es mi manera de ser valiente.
Se acaba el último compás de la última banda.
Una luz me enfoca y soy de mármol y de lágrima:
una gota me baja despacio por la mejilla
y la gente aplaude sin saber que es mía.
Hi-gue-ra, Hi-gue-ra, ya puedo mover la mano,
y la primera que muevo es para saludar al niño.
Hi-gue-ra, Hi-gue-ra, qué quieto el pueblo entero,
y no hizo falta moverse para llegar al final.
La túnica azul cuelga en el armario.
El año que viene la lleva mi hermana pequeña.
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