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Detrás de la Música · Aura Radio

Villanueva de las Cruces

Cincuenta y dos kilómetros y el bastón de mi abuelo para honrar la memoria minera

Escribí "Villanueva de las Cruces" para retratar una travesía que es pura memoria. La romería parte a pie desde La Cinta, en Huelva, recorriendo cincuenta y dos kilómetros de parajes mineros hasta un lugar sin tejado, donde el cielo es la iglesia. En mi canción, quise ponerme en la piel del nieto que camina sosteniendo el bastón de su abuelo minero, pisando la tierra roja donde él cavó y pidiéndole permiso en cada paso. Mi intención era reflejar que no se camina simplemente para llegar a un destino, sino para que algo profundo llegue contigo. Entre pies con ampollas, un trozo de pan compartido en silencio y el atardecer dorado, la obra se convierte en una oración no pedida para honrar a quien no tuvo romería.

Letra de la Canción

Salimos de Huelva con la primera luz del sábado
y un bastón en la mano que me prestó mi abuelo.
Cincuenta y dos kilómetros hasta un lugar sin tejado,
donde el cielo es la iglesia y el suelo es el altar.
No se camina para llegar,
se camina para que algo llegue contigo.
Vi-lla-nue-va de las Cru-ces, qué largo es el camino,
y qué corto se hace cuando vamos juntos.
Vi-lla-nue-va de las Cru-ces, qué antiguo tu lugar,
donde llegan los que no vinieron a pedir.
Pasamos por tierra que fue mina y fue trabajo,
por cortas y por vías que ya no llevan mineral.
Mi abuelo cavó por aquí, cuando esto era otro paisaje,
y yo lo piso con las botas, pidiéndole permiso.
No se camina para llegar,
se camina para que algo llegue contigo.
Vi-lla-nue-va de las Cru-ces, qué largo es el camino,
y qué corto se hace cuando vamos juntos.
Vi-lla-nue-va de las Cru-ces, qué antiguo tu lugar,
donde llegan los que no vinieron a pedir.
A medio camino se me llenan los pies de ampollas
y un desconocido me ofrece un trozo de pan.
No hablamos de nada, caminamos al mismo paso,
y el silencio entre los dos es más hondo que una mina.
Te hablo a ti, abuelo, que cavabas sin que nadie te rezara,
a ti, que no tuviste romería ni cirio ni camino:
hoy la hago yo por ti, paso a paso,
y cada paso que doy es una oración que no pediste.
Al llegar al paraje, los cantos se vuelven más claros,
la tierra roja se pone dorada al atardecer.
Apoyo el bastón en el suelo y no hace falta decir nada:
estamos todos, y también los que faltan.
Vi-lla-nue-va de las Cru-ces, qué largo fue el camino,
y qué hondo es lo que dejamos andado.
Vi-lla-nue-va de las Cru-ces, qué antiguo tu lugar,
y yo he llegado sin tener que pedir.
El bastón vuelve a casa.
El abuelo, ya, está en el camino.
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