Detrás de la Música · Aura Radio
Trigueros
Quise capturar el momento en que la memoria apaga cualquier miedo
Escribí Trigueros buscando ponerme en el lugar de esa niña que visita con su clase el Dolmen de Soto. Mi intención era plasmar ese viaje de veintiún metros bajo tierra, entre el temor del túnel oscuro y el asombro ante unas piedras de miles de años. Ella lleva la linterna de su padre en la mochila por seguridad, pero al caminar sintiendo el olor a tierra mojada y observando los grabados antiguos, algo cambia en su interior.
Al fondo del pasillo decide apagar la linterna porque la luz dorada de la entrada le basta. Quise mostrar que hoy no la necesitaba: aprendió que lo que realmente sostiene esa piedra es la memoria.
Letra de la Canción
Hoy la maestra nos lleva a ver las piedras, las más grandes que hay en toda Huelva. Yo llevo la linterna de mi padre en la mochila por si el túnel se queda sin luz. Dicen que tienen más de cuatro mil años, y yo solo sé que me tiemblan las manos. Tri-gue-ros, Tri-gue-ros, qué antiguo es tu silencio, con tus piedras que aguantan el tiempo. Tri-gue-ros, Tri-gue-ros, bajo tu tierra hay un camino que lleva a donde empieza la memoria. Un señor llamado Soto encontró el dolmen y le dejó su nombre sin saber que era historia. Veintiún metros de piedra y de misterio, y la maestra nos habla bajito, como en una iglesia. Dicen que tienen más de cuatro mil años, y yo solo sé que me tiemblan las manos. Tri-gue-ros, Tri-gue-ros, qué antiguo es tu silencio, con tus piedras que aguantan el tiempo. Tri-gue-ros, Tri-gue-ros, bajo tu tierra hay un camino que lleva a donde empieza la memoria. Entramos de uno en uno por el pasillo largo y las paredes huelen a tierra mojada. Enciendo la linterna y la luz tiembla sobre unas rayas que alguien dibujó hace siglos. Y vosotros, los que las pusisteis una a una, sin ruedas, sin grúas, sin saber mi nombre, ¿qué queríais decirnos con esta piedra? ¿Que nadie se va del todo mientras alguien mire? Al fondo del pasillo apago la linterna y entra la luz de la entrada, pálida y dorada. No necesito más: la piedra tiene su propio fuego y yo, de pronto, tengo menos miedo. Tri-gue-ros, Tri-gue-ros, qué antiguo es tu silencio, y yo he escuchado lo que las piedras callan. Tri-gue-ros, Tri-gue-ros, bajo tu tierra hay un camino que siempre vuelve a empezar. La linterna se queda en la mochila. Hoy no la necesité.