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Detrás de la Música · Aura Radio

San Bartolomé de la Torre

Bailar la Danza de las Espadas con el acero de mi abuelo y el corazón en un puño

Escribí "San Bartolomé de la Torre" para retratar la tensión y la emoción del 24 de agosto, el día en que un joven baila por primera vez la Danza de las Espadas con el acero que heredó de su abuelo. Quise capturar ese instante exacto donde la memoria tiembla, las espadas se cruzan sobre la cabeza y el miedo paraliza por un segundo. A través de la canción, contrapongo la perspectiva del danzante con el nerviosismo de su hermana, que aprieta los puños mirándolo desde la acera junto a su familia. Mi intención era mostrar cómo, al mirar a quien te mira, el compás se acomoda en el pecho, el metal se hace música y el pueblo vuelve a respirar.

Letra de la Canción

La torre del pueblo vigila desde hace siglos
y esta mañana parece que me mira a mí.
Es el veinticuatro de agosto, es mi primer año,
y llevo en la mano la espada de mi abuelo.
Sé los pasos de memoria,
pero la memoria tiembla.
San Bartolomé, San Bartolomé, suenan las espadas,
y el pueblo contiene el aliento.
San Bartolomé, San Bartolomé, danza de acero y de siglos,
quien no tiembla no la baila.
Yo miro desde la acera, con mi madre y mi hermano,
y cuento los pasos de los demás danzantes.
Él se equivoca de pie y yo aprieto los puños,
como si pudiera bailar por él desde aquí.
Sé los pasos de memoria,
pero la memoria tiembla.
San Bartolomé, San Bartolomé, suenan las espadas,
y el pueblo contiene el aliento.
San Bartolomé, San Bartolomé, danza de acero y de siglos,
quien no tiembla no la baila.
Las espadas se cruzan sobre mi cabeza
y por un segundo no sé quién soy.
Hay un ruido de acero, un silencio muy corto,
y un grito que no sé si es mío.
Y tú, que bailas por primera vez,
tú que me creías valiente sin serlo,
no mires el suelo, no mires la torre:
mira a quien te mira, y ya está.
Y entonces el compás se acomoda en mi pecho,
mis pies encuentran el suelo sin buscarlo.
Las espadas dejan de ser metal y se hacen música
y el pueblo respira, y yo respiro con él.
San Bartolomé, San Bartolomé, suenan las espadas,
y por fin las oigo como una canción.
San Bartolomé, San Bartolomé, danza de acero y de siglos,
y yo la bailo como mi abuelo.
La espada vuelve a su sitio.
Mi abuelo sonríe desde algún lado.
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