Detrás de la Música · Aura Radio
Puerto Moral
Dejé de ser un árbol en la sombra para encender la luz de Puerto Moral
Escribí Puerto Moral para retratar a un pueblo de doscientos ochenta vecinos que cada Navidad transforma la sierra en un belén viviente. Quería capturar esa luz de antorchas, el aire de la torre y la serenidad del pantano bajo la luna. Mi intención creativa fue contar la historia de una transformación personal sutil. Durante años, el protagonista asumió el papel de árbol o sombra por ser el más pequeño y callado. En la canción, decido darle la estrella de cartón y purpurina. Al subir por la escalera de madera y conectarla, todo el pueblo se vuelve claro. Quise plasmar ese momento exacto en que la luz se enciende y uno deja para siempre de ser sombra.
Letra de la Canción
En Puerto Moral, por Navidad, el pueblo se hace portal y cada vecino es un pastor, un rey o una posada. Doscientas ochenta personas y algún burro prestado convierten la sierra en un belén que no es de cartón. Nadie ensaya demasiado, todos saben lo que les toca. Puer-to Mo-ral, qué estrella tienes en la sierra, con tu pueblo hecho Belén por una noche. Puer-to Mo-ral, qué luz de antorchas y de voces, y qué cerca queda el cielo de tu torre. Desde la ermita se ve el pantano con la luna, y abajo, entre las calles, caminan los pastores. Hay quien viene de lejos a ver este milagro y se queda sin hablar, con la boca abierta. Nadie ensaya demasiado, todos saben lo que les toca. Puer-to Mo-ral, qué estrella tienes en la sierra, con tu pueblo hecho Belén por una noche. Puer-to Mo-ral, qué luz de antorchas y de voces, y qué cerca queda el cielo de tu torre. A mí siempre me tocaba hacer de árbol, de pared, de sombra, porque era el más pequeño y el que menos hablaba. Este año me dan la estrella: una de cartón y purpurina que hay que subir al tejado sin romperse el cuello. Y tú, que bajas la cuesta con la túnica al revés, tú que has hecho de pastor cuarenta Navidades, no me mires desde abajo con esa cara de padre: yo subo, yo la pongo, y tú, tranquilo, aplaude. Subo por una escalera de madera con la estrella al hombro y el pueblo entero, abajo, contiene la respiración. La coloco en el alero, la enciendo con un cable, y todo Puerto Moral, de repente, se vuelve claro. Puer-to Mo-ral, qué estrella tienes en la sierra, y hoy la he encendido yo con mis manos. Puer-to Mo-ral, qué luz de antorchas y de voces, y qué cerca queda el cielo de mi casa. La estrella sigue encendida. Y yo ya no soy el árbol.