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Detrás de la Música · Aura Radio

Puebla de Guzmán

El camino de la romería siempre guarda un lugar para quien falta

Escribí Puebla de Guzmán para retratar el viaje personal de recorrer el camino de la romería de la Virgen de la Peña en abril, por primera vez tras la pérdida de un padre. Quería reflejar ese espacio vacío, tan grande como un caballo, pero también la certeza de que el pueblo y la tradición abrazan a quien sufre. En la letra busqué plasmar cómo los gestos sencillos, como que alguien te ofrezca agua o te tome del brazo, demuestran que el camino sostiene la ausencia. Mi intención fue mostrar que, bajo el inmenso cielo del Andévalo, los que ya no están siguen presentes en cada sombrero y en la piedra de la ermita.

Letra de la Canción

En abril abren la romería los caballos,
y yo camino detrás con las botas llenas de polvo.
Mi madre dice que este camino es más viejo que ella
y que sus pasos ya estaban escritos en la tierra.
No hay prisa ni hay mapa,
solo el camino de siempre.
Pue-bla de Guz-mán, qué viejo es tu camino,
cada abril lo andamos con la Virgen de la Peña.
Pue-bla de Guz-mán, qué grande es tu cielo,
y qué pequeños somos cuando caminamos juntos.
Al principio del camino hay una piedra con una frase,
una frase que habla de la Virgen y de esperar.
Los jinetes pasan, los carros pasan, los niños pasan,
y nadie la lee, pero todos la saben.
No hay prisa ni hay mapa,
solo el camino de siempre.
Pue-bla de Guz-mán, qué viejo es tu camino,
cada abril lo andamos con la Virgen de la Peña.
Pue-bla de Guz-mán, qué grande es tu cielo,
y qué pequeños somos cuando caminamos juntos.
Este año camino sin mi padre, que se fue en invierno,
y el hueco a mi lado es del tamaño de un caballo.
Alguien me ofrece agua, alguien me coge del brazo,
y entiendo que el camino siempre tiene sitio para el que falta.
Y tú, que ya no estás en la romería,
tú que me enseñaste a no mirar atrás,
hoy te veo en cada sombrero que pasa
y en cada polvo que se levanta del suelo.
Al llegar a la ermita se abre la explanada
y el pueblo entero se queda en silencio un momento.
Pongo mi mano sobre la piedra del arco
y sé que él también la tocó, año tras año.
Pue-bla de Guz-mán, qué viejo es tu camino,
y yo lo he andado con los que ya no están.
Pue-bla de Guz-mán, qué grande es tu cielo,
y qué cerca me queda quien camina conmigo.
El camino de la ermita
tiene mi nombre y el de mi padre.
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