Detrás de la Música · Aura Radio
Paymogo
Escribí esta canción sobre dos mitades de plata que se buscan en la frontera del Chanza
Al escribir Paymogo, quise retratar esa tensión de esperar en la orilla del río Chanza, donde la frontera se convierte en un susurro nocturno. Me inspiré en la leyenda del mago que sabía juntar lo que estaba roto y en el miedo latente entre la maleza, las luces y los pasos. Busqué capturar esa fragilidad: la mano apretando media moneda de plata hasta hacerse sangre, el silencio antes de reconocer el modo de andar. Mi intención era plasmar cómo la incertidumbre de la noche se disuelve cuando las dos mitades encajan con un chasquido. Al final, el río cede y la frontera deja de dividir para cumplir una promesa.
Letra de la Canción
La frontera en Paymogo no es una raya, es un río, y el río de noche suena como alguien que se esconde. Llevo en el bolsillo media moneda de plata y espero a la otra mitad en la orilla. Cada ruido en la maleza es un paso que no es el suyo. Paymogo, Paymogo, qué frontera tan hermosa, con tu río que no entiende de banderas. Paymogo, Paymogo, qué noche tan larga, que se acaba cuando las mitades se juntan. Dicen que el nombre del pueblo viene de un mago, un mago de la sierra que sabía partir las cosas y hacer que se volvieran a juntar con una palabra. Yo no tengo palabras, solo media moneda. Cada ruido en la maleza es un paso que no es el suyo. Paymogo, Paymogo, qué frontera tan hermosa, con tu río que no entiende de banderas. Paymogo, Paymogo, qué noche tan larga, que se acaba cuando las mitades se juntan. Se oye un ruido de pasos en la otra orilla y una luz que se apaga a la primera señal. Mi mano aprieta la moneda con tanta fuerza que el borde me abre una línea de sangre. Y tú, que vienes por el agua sin decir tu nombre, tú que has pasado la noche con el miedo a cuestas, no hables todavía: déjame verte la cara y reconocer, antes del nombre, el modo de andar. La luna sale y se ve una figura en la orilla, con una mano abierta y media moneda de plata. Nos acercamos despacio, sin decir nada, y las dos mitades encajan con un chasquido. Paymogo, Paymogo, qué frontera tan hermosa, y el río, por fin, nos deja pasar. Paymogo, Paymogo, qué noche tan larga, que hoy ha terminado con dos mitades enteras. La moneda ya no es una mitad. Es una promesa cumplida.