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Detrás de la Música · Aura Radio

Nerva

Una lámpara apagada hace cuarenta años vuelve a iluminar el silencio de Nerva

Escribí "Nerva" para rendir homenaje a la memoria de un pueblo que vivió bajo tierra. En esta canción quise plasmar el instante en que un joven baja con su abuelo hasta la entrada de una mina cerrada, donde las paredes aún huelen a hierro y piedra mojada. Mi intención era capturar ese vínculo intergeneracional a través de un gesto sencillo: encender una lámpara de metal abollada que llevaba cuarenta años a oscuras. Al prender de nuevo esa pequeña luz que llega hasta el fondo, no solo iluminamos la roca, sino la historia de quienes trabajaron en la oscuridad desde tiempos romanos. Quise que la letra reflejara la gratitud hacia esos hombres que nunca regresaron con las manos limpias. Hoy esa luz es más grande que la sombra.

Letra de la Canción

Mi abuelo me coge de la mano a la entrada de la mina
y me dice que ya no hay peligro, que es solo memoria.
Las paredes huelen a hierro y a piedra mojada,
y la linterna tiembla cuando no tiembla el miedo.
Aquí se trabajaba desde antes de que hubiera nombres,
y nadie volvió a casa con las manos limpias.
Ner-va, Ner-va, qué hondo es tu silencio,
con tus galerías cerradas al sol.
Ner-va, Ner-va, aquí el hierro no se olvida,
y yo he venido a darle las gracias.
Los romanos sacaron de aquí lo primero,
y luego vinieron otros con más prisa.
Mi abuelo no cuenta fechas ni nombres,
solo cuenta que había turnos y que nadie se quejaba.
Aquí se trabajaba desde antes de que hubiera nombres,
y nadie volvió a casa con las manos limpias.
Ner-va, Ner-va, qué hondo es tu silencio,
con tus galerías cerradas al sol.
Ner-va, Ner-va, aquí el hierro no se olvida,
y yo he venido a darle las gracias.
Nos paramos delante de una pared negra
y él acaricia la piedra con la palma abierta.
Saca del bolsillo una lámpara de metal abollada
que lleva cuarenta años sin encender.
Y tú, lámpara, que alumbraste su camino
cuando el pueblo vivía bajo tierra,
hoy te enciendo yo, que nunca bajé,
para saber qué miraban esos ojos.
La luz es pequeña pero llega hasta el fondo
y la roca brilla como si recordara.
Mi abuelo cierra los ojos y sonríe,
y yo comprendo que aquí no hay oscuridad que no sea de casa.
Ner-va, Ner-va, qué hondo es tu silencio,
pero hoy tu luz es más grande que tu sombra.
Ner-va, Ner-va, aquí el hierro no se olvida,
y yo lo llevo ahora en la mano.
La lámpara abollada
ya vuelve a dar luz.
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