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Detrás de la Música · Aura Radio

Minas de Riotinto

Escribí este tema para transformar una vieja herida minera en memoria viva

Escribí Minas de Riotinto para rendir homenaje a cinco mil años de manos que trabajaron esta tierra roja. Quise contar la historia de un anciano que vuelve al tren minero, esta vez con un billete de visitante y junto a su nieta, que trabaja como guía. Me inspiró el contraste entre las flores de hoy y el polvo de hace cincuenta años, recordando la vida humilde de su familia frente a la de quienes mandaban. El momento más emotivo sucede en el museo, al reconocer la cara tiznada de su padre en una foto. Buscaba crear un himno donde esta gran herida abierta se cura gracias a la memoria.

Letra de la Canción

Subo al tren de la mina a las siete y media,
con mi nieta delante, hablándome de piedras.
Hace cincuenta años subía a esa misma hora,
pero entonces el tren no llevaba flores.
La tierra es roja, el río también,
y todo el paisaje parece hecho de hierro.
Mi-nas de Rio-tin-to, qué grande es tu herida,
la tierra abierta como una gran vena.
Mi-nas de Rio-tin-to, cinco mil años de manos,
y hoy el tren lleva a quien quiere saber.
Mi abuelo sabe lo que ella cuenta a los turistas,
pero la deja hablar con su voz de guía.
Dice que aquí vinieron los romanos,
y que luego llegaron los ingleses con sus casas.
La tierra es roja, el río también,
y todo el paisaje parece hecho de hierro.
Mi-nas de Rio-tin-to, qué grande es tu herida,
la tierra abierta como una gran vena.
Mi-nas de Rio-tin-to, cinco mil años de manos,
y hoy el tren lleva a quien quiere saber.
Pasamos delante del barrio de las casas con jardín
donde vivían los que mandaban, con su té y su reloj.
Yo vivía al otro lado, en una casa pequeña,
y mi padre tosía cada noche por el polvo.
Y tú, abuelo, que subías sin quejarte,
tú que me enseñaste que el hierro también canta,
hoy me toca llevarte a ti por la misma vía
y enseñarte lo que yo he aprendido.
Llegamos al museo, en el viejo hospital inglés,
y él se detiene delante de una foto pequeña.
Es un grupo de hombres con la cara tiznada,
y reconoce, en la fila de atrás, a su padre.
Mi-nas de Rio-tin-to, qué grande es tu herida,
pero hoy se cura con memoria.
Mi-nas de Rio-tin-to, cinco mil años de manos,
y el tren, por fin, nos trae de vuelta a casa.
El billete del tren minero
lo guardaré en el bolsillo.
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