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Detrás de la Música · Aura Radio

Manzanilla

La magia del quince de agosto y un vestido de lunares que vuelve a bailar

Escribí Manzanilla para retratar la magia del quince de agosto, ese momento único en que la Virgen de la Victoria y San Roque salen juntos a la calle. Quise contar esta fiesta a través de una mujer que saca el vestido de lunares que llevó su madre para ir a la verbena. Mi intención era capturar la belleza de bailar con un desconocido, sin preguntas ni nombres, entre luces en balcones y música. Busqué plasmar cómo cabe tanto corazón en una plaza pequeña. Quería transmitir la emoción de volver a casa a las cuatro de la mañana, descalza, oliendo a cera, vino y noche, sintiéndose más viva y guardando el vestido con un baile dentro.

Letra de la Canción

El quince de agosto Manzanilla saca a su Virgen
y yo saco el vestido que guardé todo el año.
Es de lunares, un poco pasado de moda,
pero mi madre lo llevó en esta misma plaza.
Hay música en la esquina,
hay luces en los balcones.
Manzanilla, Manzanilla, qué noche más grande tienes,
con tu Victoria paseando entre la gente.
Manzanilla, Manzanilla, qué plaza más pequeña
para tanto corazón que cabe en una verbena.
Hay dos santos en el pueblo, y los dos salen juntos,
la Virgen de la Victoria y San Roque a su lado.
Y detrás vamos todos, los de siempre y los de fuera,
detrás de un solo paso, de un solo compás.
Hay música en la esquina,
hay luces en los balcones.
Manzanilla, Manzanilla, qué noche más grande tienes,
con tu Victoria paseando entre la gente.
Manzanilla, Manzanilla, qué plaza más pequeña
para tanto corazón que cabe en una verbena.
En la verbena me saca a bailar un desconocido
con un zapato mal puesto y una sonrisa honesta.
Bailamos una pieza que no sé cómo se llama
y por unos minutos nadie es de ningún lado.
Te lo digo a ti, que bailas conmigo sin saber mi nombre:
gracias por no preguntarme qué hago aquí,
por dejarme ser solo la mujer del vestido de lunares
que esta noche se acuerda de cómo se baila.
A las cuatro de la mañana me quito los zapatos
y vuelvo a casa por la calle de siempre.
El vestido huele a noche, a vino y a cera,
y yo me siento más viva que en todo el año.
Manzanilla, Manzanilla, qué noche más grande tienes,
y yo ya sé cómo se baila.
Manzanilla, Manzanilla, qué plaza más pequeña
para tanto corazón que cabe en una verbena.
El vestido de lunares
vuelve al armario con un baile dentro.
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