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Detrás de la Música · Aura Radio

Lucena del Puerto

En agosto las calles de Lucena se encienden y dos faroles alumbran de la misma manera

Escribí "Lucena del Puerto" para retratar esa luz colectiva que enciende el pueblo cada agosto, del catorce al dieciséis. Mi intención con esta obra era contar cómo acompañamos a la Virgen de la Luz entre faroles de papel, pero sobre todo quería plasmar un gesto muy íntimo: el momento en que un golpe de viento me apaga la llama y una niña desconocida me acerca el suyo para encenderlo juntas. En la letra quise reflejar la enseñanza de mi abuela sobre que no hace falta saber qué se reza para no caminar a oscuras. Al amanecer, cuando me pregunta cuál farolillo era el mío, descubro la verdadera esencia de esta historia: ya no importa, porque ambos alumbraron igual.

Letra de la Canción

Del catorce al dieciséis de agosto
Lucena del Puerto se enciende de noche.
Mi abuela me cuelga un farolillo de papel
y me dice que hoy toca ir a ver a la Virgen.
No hace falta saber qué se reza,
basta con caminar con los demás.
Lucena del Puerto, qué luz tienes en agosto,
con tu Virgen paseando entre faroles.
Lucena del Puerto, qué calle más pequeña
para tanta gente con las manos abiertas.
En el convento de la Luz hay una puerta antigua
que se abre solo cuando el pueblo la necesita.
Mi abuela dice que la Virgen se llama Luz
porque a todos nos alumbra, aunque no lo pidamos.
No hace falta saber qué se reza,
basta con caminar con los demás.
Lucena del Puerto, qué luz tienes en agosto,
con tu Virgen paseando entre faroles.
Lucena del Puerto, qué calle más pequeña
para tanta gente con las manos abiertas.
Se me apaga el farolillo con un golpe de viento
y me quedo parada, sin saber qué hacer.
Una niña desconocida me acerca el suyo
y juntas lo encendemos con una cerilla prestada.
Y tú, que ahora no sé cómo te llamas,
tú que compartiste tu luz sin decir nada,
no sabes que ya no lo olvido:
que en esta noche nadie camina a oscuras.
Cuando vuelve la Virgen al convento ya clarea
y los faroles cuelgan cansados de sus palos.
Mi abuela me da un beso en la frente
y me pregunta cuál de los dos faroles era el mío.
Lucena del Puerto, qué luz tienes en agosto,
y yo ya sé quién me prestó la suya.
Lucena del Puerto, qué calle más pequeña
para tanta luz que cabe en una mano.
No sé cuál era el mío.
Los dos alumbraron igual.
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