Detrás de la Música · Aura Radio
La Palma del Condado
Quise capturar esa noche de agosto en que un abanico une a todo un pueblo
Cuando escribí esta canción, mi intención fue capturar la magia de la madrugada del dieciséis de agosto en La Palma del Condado. Quise contar cómo el pueblo no duerme mientras la Virgen del Valle pasea entre calles llenas de velas y música.
Para construir el relato, me inspiré en el abanico de varillas que me entrega mi abuela. A lo largo de la noche, ese objeto se escurre, pasa por veinte manos y une a la gente, recordando la esperanza nacida en mil ochocientos cincuenta y cinco. Mi decisión creativa fue cerrar la obra al alba, cuando un niño dormido me devuelve el abanico cargado con el aire y el cariño de toda la noche.
Letra de la Canción
A la una de la madrugada del dieciséis de agosto el pueblo entero está despierto en la calle. Mi abuela me da su abanico de varillas y me dice que hoy no se duerme en La Palma. Hay velas en los balcones, hay música por las aceras. La Pal-ma, La Pal-ma, qué noche tienes en la calle, con tu Virgen del Valle paseando entre la gente. La Pal-ma, La Pal-ma, si el reloj marca la una, nadie se acuesta, que aquí se vela el cariño. Cuentan que todo empezó en mil ochocientos cincuenta y cinco, cuando una enfermedad grave asustó al pueblo y los palmerinos pidieron a su Virgen que no se fuera sin dejarles la esperanza. Hay velas en los balcones, hay música por las aceras. La Pal-ma, La Pal-ma, qué noche tienes en la calle, con tu Virgen del Valle paseando entre la gente. La Pal-ma, La Pal-ma, si el reloj marca la una, nadie se acuesta, que aquí se vela el cariño. El abanico se me escurre de la mano y una niña lo recoge sin saber de quién es. Lo mueve con prisa, como quien aleja el calor, y mi abuela sonríe sin decir nada. Y tú, que llevas la Virgen en los hombros, tú que no me conoces pero sabes mi nombre, pasa despacio por mi calle esta noche: que esta noche todos somos de aquí. Cuando la Virgen vuelve, ya clarea, y el abanico ha pasado por veinte manos. Me lo devuelve un niño dormido en brazos de su padre, con el aire de toda la noche dentro. La Pal-ma, La Pal-ma, qué noche tienes en la calle, y el abanico vuelve a casa con el alba. La Pal-ma, La Pal-ma, si el reloj marca la una, yo me quedo contigo hasta que amanezca. El abanico de mi abuela ya sabe a todos los nombres.