Detrás de la Música · Aura Radio
Isla Cristina
La historia de una gorra, un muelle al amanecer y una espera que se hereda
Escribí "Isla Cristina" buscando plasmar una canción alegre con raíz triste. Me inspiró la imagen de una hija que se pone la gorra de su padre, un pescador jubilado sin hacer ruido, y camina al muelle a las cinco y cuarto de la mañana. Quería reflejar cómo este pueblo se construyó con redes, sal y paciencia por quienes vinieron del Levante, y cómo la espera también se hereda.
Mi decisión creativa fue transformar el clavo de la cocina en un símbolo: al ponerse esa gorra que ya no cuelga, ella entiende que el mar devuelve lo perdido y finalmente se siente de aquí contemplando las casas de cal al amanecer.
Letra de la Canción
A las cinco y cuarto ya huele a pescado y las luces del puerto se miran en el agua. Mi padre dejaba la gorra en el clavo y yo me la ponía de puntillas. Cada barco que sale lleva un nombre y cada nombre dejó una casa. Isla Cristina, qué bonita eres al amanecer, con tus barcos que se van y tus casas de cal. Isla Cristina, aunque se vaya la marea, siempre vuelve la que te sabe esperar. Los míos vinieron del Levante, cuentan, a salar el pescado donde no había nada. Hicieron un pueblo con redes y paciencia, y yo heredé el apellido y el viento. Cada barco que sale lleva un nombre y cada nombre dejó una casa. Isla Cristina, qué bonita eres al amanecer, con tus barcos que se van y tus casas de cal. Isla Cristina, aunque se vaya la marea, siempre vuelve la que te sabe esperar. Hoy la lonja es otra y los barcos son otros, mi padre se jubiló sin hacer ruido. Su gorra sigue en el clavo de la cocina y nadie se atreve a mover el clavo. Y tú, que me enseñaste a mirar el horizonte como quien mira la cara de un amigo, no me dijiste que el mar también devuelve lo que uno cree que ha perdido para siempre. Esta mañana me puse la gorra, papá, y salí al muelle a la misma hora de siempre. El patrón me saludó con la mano alzada, y por primera vez me sentí de aquí. Isla Cristina, qué bonita eres al amanecer, y ahora llevo la gorra que no tuvo que irse. Isla Cristina, aunque se vaya la marea, yo me quedo contigo, porque sé esperar. La gorra ya no cuelga del clavo. Le sienta bien al mar.