Detrás de la Música · Aura Radio
Gibraleón
Escribí esta canción sobre dejar pasar el autobús y atreverse a quedarse
Escribí Gibraleón pensando en esos catorce kilómetros que separan el trabajo en Huelva de la cocina de mi madre. Quería plasmar esa tensión de vivir repartido entre dos puntos, sintiendo el billete doblado en el bolsillo como un papel que exige una decisión. En la letra busqué reflejar el viaje diario en el autobús de las ocho y diez, el río Odiel que antes se cruzaba por un vado y el castillo que vigila desde lo alto. Mi intención era contar el instante en que una tarde cualquiera decides no subir al autobús, dejarlo marchar, sentarte en el murete y comprender que parar es la única forma de llegar finalmente a casa.
Letra de la Canción
Catorce kilómetros entre Huelva y casa, el autobús de las ocho y diez. Cada tarde el mismo camino de vuelta, el mismo billete doblado en la mano. Y al llegar a la curva del río se me afloja el pecho sin querer. Gibraleón, tienes el río como un vado, donde siempre hubo que parar para poder pasar. Gibraleón, tienes el castillo en lo alto, vigilando a los que vuelven sin querer quedarse. Dicen que el pueblo nació donde el Odiel se dejaba cruzar con el agua a la rodilla. Yo lo cruzo en autobús, con los cascos puestos, sin dar las gracias a quien lo cruzó primero. Y al llegar a la curva del río se me afloja el pecho sin querer. Gibraleón, tienes el río como un vado, donde siempre hubo que parar para poder pasar. Gibraleón, tienes el castillo en lo alto, vigilando a los que vuelven sin querer quedarse. Mi trabajo está en Huelva, mi madre en la cocina, y yo repartido en catorce kilómetros. El billete me arruga el bolsillo de la camisa como un papel que me pide una decisión. Y tú, que miras el río desde el puente, tú que no te has ido nunca, ¿cuánto me ahorras? Ahora entiendo qué guardas con tanta calma: el sitio de quien se atreve a quedarse. Una tarde cualquiera no subo al autobús de las ocho y diez, y lo veo marcharse. Me siento en el murete con el billete en la mano y el castillo se enciende, y el río sigue. Gibraleón, tienes el río como un vado, y esta tarde me he parado para poder pasar. Gibraleón, tienes el castillo en lo alto, y hoy lo miro como quien llega a su casa. El billete que no usé ya no me arruga el bolsillo.