Detrás de la Música · Aura Radio
Fuenteheridos
Escribí esta canción porque a veces lo que no suena también canta
Escribí "Fuenteheridos" inspirado en la fuente de los Doce Caños y en cómo el agua llamó a la gente para fundar un pueblo entre castaños. Quise plasmar recuerdos entrañables, como la enseñanza de mi abuela al beber del caño más bajo o la magia del otoño. Sin embargo, mi mayor decisión creativa fue centrar la historia en ese duodécimo caño que permanece en silencio mientras los otros once suenan. Con esto busqué reflejar que la memoria y la espera también tienen su propio canto. Al caer la tarde, cuando esa gota finalmente brota y el pueblo entero se calla para escuchar, comprendemos por fin que el agua también sabe esperar.
Letra de la Canción
Dicen que el pueblo nació donde el agua brotaba más fuerte, que alguien puso una piedra y dijo: "Aquí". Doce caños de agua clara, doce voces de la sierra, y alrededor, las casas fueron creciendo. No hay más historia que esa: el agua llamó a la gente. Fuen-te-he-ri-dos, qué agua tan limpia tienes, con tus doce voces sin cansarse, con tu sierra de castaños, Fuen-te-he-ri-dos, ¡aquí nació el pueblo del agua! Cada quince de agosto bendicen el agua en la fuente y la Virgen sale a mirar de dónde viene todo. Mi abuela me lleva de la mano y me enseña a beber del caño que está más cerca del suelo. No hay más historia que esa: el agua llamó a la gente. Fuen-te-he-ri-dos, qué agua tan limpia tienes, con tus doce voces sin cansarse, con tu sierra de castaños, Fuen-te-he-ri-dos, ¡aquí nació el pueblo del agua! En otoño los castaños dejan caer sus frutos y el pueblo huele a lumbre y a hojas mojadas. Yo me siento en el borde de la fuente y cuento los caños: once suenan, y uno calla. Y tú, caño que callas, ¿qué estás guardando? ¿Es descanso, es memoria, es un secreto del agua? Yo te escucho en silencio, sin pedirte nada, porque a veces lo que no suena también canta. Al caer la tarde el caño número doce empieza a gotear, una gota, otra, otra. Todo el pueblo se calla, mirando la fuente, y yo comprendo que el agua también espera. Fuen-te-he-ri-dos, qué agua tan limpia tienes, y el caño que callaba ya canta con los demás. Fuen-te-he-ri-dos, qué sierra de castaños, ¡y qué voz tan larga tiene tu fuente! Doce caños, doce voces. Hoy, por fin, doce.