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Detrás de la Música · Aura Radio

El Campillo

Un reloj parado a las seis y diez y la memoria viva de un pueblo en carnaval

Escribí El Campillo para contar la historia de una vieja estación donde el reloj se quedó marcado a las seis y diez. Quise hablar desde ese banco de hierro, recordando la llegada de los vagones ingleses y cómo mis padres se conocieron bajo ese mismo reloj. Mi intención fue reflejar la nostalgia de los trenes que ya no pitan y la fuerza del carnaval de febrero, donde el pueblo se disfraza para mantener viva su memoria. En la obra planteo una pregunta directa a quien nos escucha sobre la prisa frente al recuerdo. El momento clave llega cuando el viento empuja el péndulo: todo el pueblo sale a la calle y el reloj vuelve a latir, dándonos tiempo.

Letra de la Canción

En la estación del Campillo ya no pitan los trenes
pero el reloj sigue dando las seis y diez.
Lo miro cada tarde desde el banco de hierro
como quien espera a alguien que ya no viene.
Hubo un tiempo de humo y de silbatos,
de hombres con prisa y de mujeres con pañuelos.
El Cam-pi-llo, El Cam-pi-llo, qué estación sin trenes,
con tu reloj parado en la memoria.
El Cam-pi-llo, El Cam-pi-llo, qué carnaval de febrero,
que lo sigue bailando el pueblo sin que nadie se lo pida.
Aquí llegaron los ingleses con sus vagones
y el pueblo creció de golpe, como una fiesta.
Mi madre vino de lejos, buscando un trabajo,
y encontró a mi padre bajo este mismo reloj.
Hubo un tiempo de humo y de silbatos,
de hombres con prisa y de mujeres con pañuelos.
El Cam-pi-llo, El Cam-pi-llo, qué estación sin trenes,
con tu reloj parado en la memoria.
El Cam-pi-llo, El Cam-pi-llo, qué carnaval de febrero,
que lo sigue bailando el pueblo sin que nadie se lo pida.
Cada febrero me disfrazo de lo que sea
y salgo por las calles buscando a quien fui.
Una vez me vestí de jefe de estación
y le pité al reloj para que cambiara la hora.
Te lo pregunto a ti, que lo escuchas desde el banco:
¿es mejor un pueblo con trenes y con prisa,
o un pueblo sin trenes que aprendió a disfrazarse
para no dejar morir lo que tuvo?
Esta tarde, de pronto, el reloj se mueve una aguja
y los dos nos quedamos mirando sin respirar.
No es magia, es el viento que empuja el péndulo,
pero el pueblo entero salió a la calle a verlo.
El Cam-pi-llo, El Cam-pi-llo, qué estación sin trenes,
y esta tarde el reloj ha vuelto a latir.
El Cam-pi-llo, El Cam-pi-llo, qué carnaval de febrero,
que nos enseña a volver a lo que fuimos.
El reloj marca las seis y diez.
Y esta vez, nos da tiempo.
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