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Detrás de la Música · Aura Radio

Cortegana

Escribí esta canción para detener el tiempo mientras mi hijo sueña que es caballero

Escribí "Cortegana" para capturar ese instante mágico de agosto en el que el pueblo viaja al pasado y mi hijo se transforma en caballero. Quería retratar la ilusión con la que viste la capa que le cosió su abuela y empuña su espada de madera para subir al castillo de cuatro torres. Mi intención al componerla fue plasmar la mezcla de alegría y nostalgia que siento al verlo crecer tan rápido entre el olor a pan y hoguera. En la letra reflejé ese pequeño susto al perderlo entre los puestos y la ternura de encontrarlo contemplando la sierra. Al bajar con él dormido a cuestas, esa espada de juguete pesa como el tiempo mismo, guardando la promesa de regresar el próximo año.

Letra de la Canción

En agosto, cuando el calor aprieta,
mi hijo se despierta con la espada de madera.
Dice que hoy no hay colegio, que hay castillo,
y se pone la capa de su abuela cosida a mano.
Subimos la cuesta cogidos de la mano,
y el pueblo entero huele a pan y a hoguera.
Cortegana, Cortegana, qué grande es tu castillo,
con sus cuatro torres vigilando la sierra.
Cortegana, Cortegana, por agosto te vistes de otra época,
y hasta los niños se sienten caballeros.
Dicen que es el mejor guardado de toda la sierra,
que las piedras han visto más de lo que cuentan.
Mi hijo las toca con la mano pequeña
como quien saluda a un viejo amigo.
Subimos la cuesta cogidos de la mano,
y el pueblo entero huele a pan y a hoguera.
Cortegana, Cortegana, qué grande es tu castillo,
con sus cuatro torres vigilando la sierra.
Cortegana, Cortegana, por agosto te vistes de otra época,
y hasta los niños se sienten caballeros.
Entre puestos y música, mi hijo se pierde un instante
y mi corazón da un salto de siglos.
Lo encuentro sentado en una almena baja
con la espada sobre las rodillas, mirando la sierra.
Y tú, que mides un metro y no te rindes,
tú que ya mandas más que yo en este castillo,
no crezcas muy deprisa, caballero,
que los castillos se hacen pequeños con los años.
Al caer la tarde bajamos despacio,
él, rendido, dormido sobre mi hombro.
La espada de madera cuelga de mi mano
y pesa como si fuera de verdad.
Cortegana, Cortegana, qué grande es tu castillo,
y el año que viene volveremos a subirlo.
Cortegana, Cortegana, por agosto te vistes de otra época,
y mi hijo, en sueños, sigue siendo tu caballero.
La espada de madera
espera en la pared hasta el próximo agosto.
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