Detrás de la Música · Aura Radio
Chucena
Bendita la oveja perdida que dio origen a la luz de toda una noche
Escribí Chucena para rendir homenaje a esa leyenda donde unos pastores, buscando una oveja perdida, hallaron la imagen de la Virgen de la Estrella tallada en un tronco. Pero mi intención profunda era cruzar esa fe antigua con la memoria viva de cada quince de agosto. Quería plasmar el olor a cera y jazmín, la madrugada calurosa y el relevo generacional: el recuerdo de ir a hombros de mi padre y el presente en el que cargo a mi propio hijo. Con esta canción busqué reflejar que ese peso de la noche es lo más ligero que tengo y que, al llegar el alba, uno no quiere que amanezca. La historia vive en cada persona que se arrodilla.
Letra de la Canción
Cuentan en Chucena que unos pastores, buscando una oveja perdida en el monte, vieron una imagen tallada en un tronco y la bajaron al pueblo con las manos abiertas. Nadie sabe si fue así, pero así lo cuenta la gente. Chu-ce-na, Chu-ce-na, qué estrella tienes en la noche, con tu Virgen paseando entre los tuyos. Chu-ce-na, Chu-ce-na, qué luz tienes en agosto, y cuánta gente camina contigo en silencio. Es el quince de agosto, hace calor de madrugada y las calles huelen a cera y a jazmín. Mi hijo me sube a hombros para que lo vea y yo, que soy pesado, le aguanto la mirada. Nadie sabe si fue así, pero así lo cuenta la gente. Chu-ce-na, Chu-ce-na, qué estrella tienes en la noche, con tu Virgen paseando entre los tuyos. Chu-ce-na, Chu-ce-na, qué luz tienes en agosto, y cuánta gente camina contigo en silencio. Recuerdo cuando era yo quien iba a hombros y mi padre decía que la Virgen miraba a los niños. Hoy soy yo quien carga con el peso de la noche y sé que ese peso es lo más ligero que tengo. Te hablo a ti, pastor que bajaste aquel tronco, a ti, que no sabías que habría tanta gente: si todo esto nació de una oveja perdida, bendita la oveja que supo perderse. La procesión vuelve a la iglesia con el alba y la gente se queda en la plaza sin hablar. Mi hijo se duerme en mi hombro, cansado, y yo, por primera vez, no quiero que amanezca. Chu-ce-na, Chu-ce-na, qué estrella tienes en la noche, y esta noche me ha guiado hasta mi hijo. Chu-ce-na, Chu-ce-na, qué luz tienes en agosto, y la llevo conmigo cuando me voy. El tronco no está en ningún museo. Está en cada uno que se arrodilla.