Detrás de la Música · Aura Radio
Cañaveral de León
Un reencuentro en la plaza entre el aroma a chocolate y los recuerdos de enero
Escribí Cañaveral de León para retratar la magia de cada veinte de enero por San Sebastián, cuando la plaza huele a buñuelos y chocolate caliente. Quise cruzar dos miradas que se conocen de toda la vida: la de quien se quedó repartiendo buñuelos y la de quien regresa de la ciudad con las manos frías. Mi intención creativa fue llevar ese instante en la cola, donde piden dos tazas con el mismo gesto, hacia un baile despacio entre el vapor. Con el tamboril y la banda de fondo, busqué transformar la nostalgia en un reencuentro definitivo que deja las manos calientes.
Letra de la Canción
Cada veinte de enero la plaza se llena de vapor, de chocolate caliente y de buñuelos que no esperan. Mi mujer los repartía con una cuchara de palo y ahora los reparto yo, y me salen peor. Suena el tamboril desde la esquina, y por un momento todo vuelve a ser enero de antes. Cañaveral de León, qué chocolate tan largo, con la banda y el tamborilero delante. Cañaveral de León, qué plaza más pequeña para tantos que ya no están y siguen bailando. Yo soy la que se fue y vuelve cada año por San Sebastián, con el abrigo de la ciudad y las manos frías. Mi padre me esperaba en el mismo banco con una taza caliente que no me dejaba pagar. Suena el tamboril desde la esquina, y por un momento todo vuelve a ser enero de antes. Cañaveral de León, qué chocolate tan largo, con la banda y el tamborilero delante. Cañaveral de León, qué plaza más pequeña para tantos que ya no están y siguen bailando. Nos encontramos en la cola del chocolate dos que nos conocemos de toda la vida. Nos miramos sin decir lo que pesa, y pedimos dos tazas con el mismo gesto. Te lo digo a ti, que sostienes la taza con las dos manos, a ti, que ya no eres el chico de la plaza: si hubiera sabido que volverías cada enero, me habría quedado a esperarte en el mismo banco. Esta noche el tamboril se acerca a nuestro banco y la banda toca despacio, casi para nosotros. Bailamos sin música, entre el vapor y la gente, dos que llegaron tarde a una fiesta que no termina. Cañaveral de León, qué chocolate tan largo, y por fin se acaba enero entre los dos. Cañaveral de León, qué plaza más pequeña para quien vuelve y por fin se queda a bailar. La taza se queda vacía. Las manos, calientes.