Detrás de la Música · Aura Radio
Campofrío
Escribí esta canción para contar cómo la vida de un pueblo llena de juego su patrimonio
Escribí "Campofrío" para retratar cómo un espacio monumental, una plaza de toros histórica y catalogada como patrimonio, se transforma cada domingo a las seis en el verdadero corazón del barrio. Quise reflejar esa magia cotidiana donde las mochilas hacen de porterías y la gente del pueblo, desde los niños hasta el propio alcalde, comparte la misma fiesta.
El momento central de la canción nace cuando el balón se pincha con un clavo del vallado y una niña pequeña rescata la tarde sacando una bomba de bicicleta. Para mí, esa niña representa la verdadera esencia de la obra: no importa la solemnidad del lugar ni los imprevistos, lo único importante es que la pelota vuelva a rodar.
Letra de la Canción
Este pueblo tiene una plaza de toros más vieja que mi abuelo y la han puesto en una lista de cosas importantes. Pero los domingos, a las seis, sin avisar, la convertimos en el campo de fútbol del barrio. Hay porterías de mochilas, hay árbitros de doce años. Campofrío, Campofrío, qué ruedo tan redondo, donde el balón es el toro y el gol es la fiesta. Campofrío, Campofrío, qué arena tan dorada, donde nadie pierde, que aquí gana el pueblo. Mi sobrino juega de delantero y de portero a la vez porque dice que nadie más sabe parar sus propios tiros. El alcalde pasa y se queda mirando, y alguien le grita: "¡Fuera de juego, señor!". Hay porterías de mochilas, hay árbitros de doce años. Campofrío, Campofrío, qué ruedo tan redondo, donde el balón es el toro y el gol es la fiesta. Campofrío, Campofrío, qué arena tan dorada, donde nadie pierde, que aquí gana el pueblo. Un día el balón se pincha con un clavo del vallado y todos nos quedamos mirando el cuero rendido. Nadie dice nada hasta que una niña pequeña saca de su bolsillo una bomba de bicicleta. Y tú, niña de la bomba, que nunca pierdes la calma, tú que arreglas el mundo con lo que llevas, no dejes que ningún mayor te diga que una plaza de toros no sirve para jugar. Inflamos el balón entre diez, con los carrillos hinchados, y el balón vuelve a rodar como si nada. Esa tarde marcamos treinta y siete goles y no sé quién ganó, pero todos tenemos sed. Campofrío, Campofrío, qué ruedo tan redondo, donde el balón ha vuelto a ser fiesta. Campofrío, Campofrío, qué arena tan dorada, y la niña de la bomba, la que manda. El balón está inflado. Mañana, a las seis, otra vez.