Detrás de la Música · Aura Radio
Beas
El barro moldeado a mano que deja de ser nuestro para ser de todo un pueblo
Escribí esta canción para plasmar el proceso íntimo detrás del Belén Viviente de Beas. Quise contar cómo mi abuelo moldea en octubre el cántaro de barro mientras le paso el agua entre silencios que huelen a lluvia y a leña. Mi intención fue rescatar esos recuerdos de infancia, la calidez del pueblo en invierno y la devoción a la Virgen de los Clarines.
Con la obra quise retratar la noche en que envolvemos la pieza en lino para llevarla al pesebre, entre antorchas y fuego. Al ver el cántaro iluminado en el portal, busqué transmitir cómo algo tan nuestro deja de pertenecernos para ser del pueblo.
Letra de la Canción
Mi abuelo empieza a trabajar el barro en octubre, cuando el taller huele a lluvia y a leña. Dice que el cántaro del Belén tiene que ser perfecto porque lo va a ver todo el pueblo. Y yo le paso el agua, y él me da la forma, y entre los dos se hace un silencio de casa. Beas, Beas, qué calor tienes en invierno, cuando el pueblo se hace Belén por una noche. Beas, Beas, con tu barro y tus clarines, el portal más antiguo se enciende en tus calles. Cada diciembre el pueblo se convierte en Belén, con pastores de verdad y fuego en las esquinas. Dicen que es el más antiguo de Andalucía, pero yo solo sé que huele a mi infancia. Y yo le paso el agua, y él me da la forma, y entre los dos se hace un silencio de casa. Beas, Beas, qué calor tienes en invierno, cuando el pueblo se hace Belén por una noche. Beas, Beas, con tu barro y tus clarines, el portal más antiguo se enciende en tus calles. Esta noche el cántaro saldrá del taller con un poco de agua dentro, para el pesebre. Mi abuelo lo envuelve en un paño de lino como quien envuelve a un niño pequeño. Y tú, Virgen de los Clarines, que le diste nombre a un pueblo al otro lado del mar, cuida este barro que nuestras manos han hecho y que hoy se llena de una noche sagrada. En el portal, entre las antorchas y el frío, alguien deja el cántaro junto al pesebre. Lo veo desde lejos, pequeño y encendido, y mi abuelo me aprieta la mano sin decirme nada. Beas, Beas, qué calor tienes en invierno, y el cántaro ya no es nuestro, es de todos. Beas, Beas, con tu barro y tus clarines, el portal más antiguo se enciende en mi voz. El cántaro ya no es mío. Es del Belén.