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Detrás de la Música · Aura Radio

Almonaster la Real

Escribí esta canción pensando en la luz dorada y en una llave que abre mil años

Escribí "Almonaster la Real" para retratar un día de fiesta y luz dorada durante las jornadas de cultura islámica. Mi intención era capturar el andar de ese guardián que sube por la cuesta blanca hacia el castillo y su mezquita, llevando en el bolsillo una llave pequeña de hierro que tiene mil años. Quise reflejar cómo la historia cobra vida entre el sonido de un laúd, poemas y gente que llega de lejos. El momento central nace cuando una niña pregunta por la edad del lugar y él decide darle la llave para que la gire como quien abre un secreto. Con esta canción busco decir que no hace falta entenderlo todo para quedarse, basta con entrar y callar un momento.

Letra de la Canción

Cada otoño subo con la llave en el bolsillo
por la cuesta de piedra que lleva al castillo.
Hoy hay jornadas, hay música y gente de fuera,
y yo soy el que abre la puerta de lo más antiguo.
Bajo mi mano pesa un hierro pequeño
que lleva mil años abriendo lo mismo.
Almonaster, Almonaster, qué alta tienes la mezquita,
con su arco y su sombra de otros siglos.
Almonaster, Almonaster, qué blanca tienes la cuesta,
y cuánta gente sube para escucharte.
Dicen que aquí rezaron mucho antes de las campanas,
que la piedra recuerda lo que nadie ha escrito.
Hoy suena un laúd, y alguien lee un poema,
y el castillo es una casa con las puertas abiertas.
Bajo mi mano pesa un hierro pequeño
que lleva mil años abriendo lo mismo.
Almonaster, Almonaster, qué alta tienes la mezquita,
con su arco y su sombra de otros siglos.
Almonaster, Almonaster, qué blanca tienes la cuesta,
y cuánta gente sube para escucharte.
Una niña me pregunta cuántos años tiene todo esto
y no sé qué decirle, que no suene a número.
Le doy la llave y le digo: "Ábrela tú",
y ella gira despacio, como quien abre un secreto.
Te lo digo a ti, que no sabes quién rezó aquí,
a ti, que vienes de lejos con la cámara colgada:
no hace falta entenderlo todo para quedarse,
basta con entrar y callar un momento.
Al caer la tarde bajamos por la cuesta
y el pueblo se enciende con luces pequeñas.
Los que subieron cansados bajan cantando,
y yo, con la llave, cierro mirando hacia atrás.
Almonaster, Almonaster, qué alta tienes la mezquita,
y la llave ya no pesa en mi bolsillo.
Almonaster, Almonaster, qué blanca tienes la cuesta,
y mañana la subiré otra vez.
La llave es la misma de siempre.
Hoy le ha abierto el sitio a una niña.
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