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Detrás de la Música · Aura Radio

Cantillana

Cuando el Guadalquivir escucha en silencio cómo canta una voz sola en la Madrugá

Escribí "Cantillana" para atrapar el alma de su Semana Santa a orillas del Guadalquivir. Mi intención fue crear un flamenco pop dramático que arrancara con una voz sola, imitando la fuerza de esa saeta única con nombre propio: la cantillanera. Quise reflejar la devoción de sus cinco hermandades nacidas en el siglo XVI y esa mística Madrugá marcada por la historia de las barcas desde 1577. En esta obra, el río escucha en silencio mientras la voz sube despacio por las piedras y paraliza al pueblo. Al componerla, busqué transmitir que guardar silencio en la acera es la mejor manera de rezar antes de que rompa el alba y la calle quede vacía.

Letra de la Canción

Cinco hermandades salen
cuando la primavera llama,
con el siglo dieciséis
en las túnicas y en la cera.
Y el río escucha en silencio
cómo canta Cantillana.
¡Cantilla-a-na, saeta y río!
La voz sube por la calle.
¡Cantilla-a-na, madrugada!
Y el pueblo no se mueve.
Hay una saeta que es de aquí,
la cantillanera, con nombre propio,
que sube despacio por las piedras
y deja el aire quieto.
Y el río escucha en silencio
cómo canta Cantillana.
¡Cantilla-a-na, saeta y río!
La voz sube por la calle.
¡Cantilla-a-na, madrugada!
Y el pueblo no se mueve.
Los condes tenían barcas
desde mil quinientos setenta y siete,
y el río, que lo vio todo,
sigue pasando la noche.
Y tú, que esperas en la acera
la hora que no llega,
guarda el silencio contigo:
es la mejor manera de rezar.
Rompe el alba sobre el Guadalquivir,
la calle se queda vacía,
y en las ventanas quedan
las huellas de la noche.
¡Cantilla-a-na, saeta y río!
La voz sube por la calle.
¡Cantilla-a-na, madrugada!
Y el pueblo ya respira.
Cantillana.
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